Ranking: ¿Cuáles son los mayores desaciertos de futbolistas en redes sociales?

En este blog ya se ha tratado anteriormente la comunicación corporativa en entidades deportivas y se han mencionado futbolistas con excelente relación con sus seguidores en redes sociales, pero, hay que decirlo, suelen ser una excepción. Otro de los casos que se ven mucho son los de deportistas que, por hastío o por pereza, dejan de lado este apartado. Pero, sin duda, el más salseante suele ser el del deportista que mete la pata. Y para eso estamos aquí. A continuación, un pequeño ranking de los futbolistas que la liaron en redes sociales.

5. Gianluca Simeone. El hijo mayor del Cholo, que por entonces, en 2012, jugaba en un equipo de la primera división argentina, publicó unos tuits demasiado explícitos tras la final de Copa del Rey que el equipo de su padre, el Atlético de Madrid, ganó al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Se ve que no pudo aguantar la emoción de ganar al eterno rival en su casa.
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4. Iker Casillas. El portero del Porto utiliza las redes sociales con bastante frecuencia y sin pelos en la lengua, y si tiene que insultar a un usuario por meterse con su hijo, lo hace, como cuando llamó “hijo de la gran puta” a un usuario de Instagram. Sus redes son un ejemplo de cercanía con sus seguidores; en ellas publica imágenes de su vida profesional y personal, pero de vez en cuando, deja salir su carácter en ellas.

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3. Chicharito Hernández. A la estrella mexicana, que es más de Instagram que de Twitter, tampoco se le da bien la ortografía. Las redes saltaron como un resorte el día que subió una foto y… bueno, digamos que una imagen que iba a convertirse en una más en su cuenta se hizo viral. La importancia de una tilde.

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2. Dani Ceballos. Este caso es algo más grave. Es uno de esos ejemplos de que el rastro que dejamos en redes sociales es para siempre. Y, aunque tengas la tontería que lleva tuvimos en la adolescencia y en la era Fotolog, pues no es excusa. El jugador del Betis, que, por cierto, sonó para el Real Madrid antes de que se hicieran públicos estos mensajes, insultó a Piqué, Casillas, Cataluña y demás con catorce años. Todo esto adherezado con toques de faltas extremas de ortografía. No seré yo el que haga chistes sobre andaluces.

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1. Pero, sin duda, el que se lleva la palma es Sergi Guardiola. Otro que se metió con Cataluña. Y con faltas de ortografía. Se ve que todos tenemos un pequeño troll dentro de nosotros. En este caso, el futbolista murciano fichó por el filial del Fútbol Club Barcelona después de rescindir un contrato de dos años con su club, el Alcorcón. Pero su periplo en la ciudad condal iba a ser corto. Ocho horas después de su presentación se filtraron algunos tuits suyos en los que insultaba a Messi y a todos los ciudadanos catalanes. Pues fue fulminantemente despedido. La estancia en un club más corta de la historia.

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*BONUS TRACK. Este artículo no estaría completo si no habláramos del meme personificado por excelencia: Sergio Ramos. El jugador del Real Madrid ha protagonizado numerosos deslices en las redes sociales. Desde decir en ellas que jugaba de “medio retrasado” hasta animar a las jugadoras de waterpolo de la selección española para que ganaran un partido que se había celebrado 20 días antes, pasando por confundir Las Vegas con Nueva York al compartir una fotografía con sus seguidores. Una joyita, vaya.

¿Quiénes son los futbolistas españoles más presentes en Internet?

La semana pasada se abordó en este blog, aunque de manera algo general y sin entrar en detalles, que la comunicación de cualquier deportista profesional o entidad deportiva debe regirse por una serie de pautas para mostrar una identidad digital acorde con su relevancia. Poco a poco los deportistas van dándose cuenta de la importancia de sus redes sociales, así como de sus páginas webs para, además de fidelizar a los seguidores que habían conseguido mediante su trabajo, atraer más.

Tal y como se dice en ese último post, la imagen que dejen los deportistas fuera del campo será la que quede una vez dejen de dedicarse profesionalmente al deporte, y, por eso mismo, puede que sea lo que abra futuras puertas en el mundo laboral. Los ejemplos más claros son los de deportistas que, una vez con su carrera finalizada, se afianzan en un medio de comunicación narrando o analizando el deporte que un día les dio de comer. En el caso del fútbol español la lista es interminable: desde Cañizares, que además de a los rallys –con accidentados resultados en los últimos tiempos, eso sí– se consolidó en Canal +, ahora Movistar Cero, hasta Quique Sánchez Flores, que, una vez que no tuvo ofertas para sentirse en los banquillos, se convirtió –y esto ya es opinión personal– en el mejor comentarista no-periodista del panorama televisivo nacional (luego volvió a entrenar a grandes clubes, que es lo que se merece un entrenador de su nivel). Esto fue, en gran medida, gracias a una buena gestión con su imagen cuando así lo requirió. Claro, todavía no había redes sociales.

Sin ir más lejos, el pasado lunes y aprovechando un parón del fútbol nacional, Aymeric Laporte, central del Athletic Club de Bilbao aprovechó para sacar a la luz su web. La gestión en la comunicación de la empresa Media Base Sports, que, entre otras muchas grandes figuras del deporte, lleva a Luis Suárez, delantero del FC Barcelona, y Pep Guardiola, actual entrenador del Manchester City, es perfecta.

Uno de los mejores ejemplos que encontramos en el fútbol español es Joaquín Sánchez, que, además por ser conocido por su humor –tiene mucho arte el cabrón, hay que admitirlo– y por alguna anécdota con el idioma en su paso por la Fiorentina italiana, tiene una gestión excelente de todas sus redes sociales: Facebook y Twitter, todo verificado, y una cuenta de Instagram más personal, en la que además de subir contenido profesional también fideliza a seguidores mostrando, sin tapujos, lo que hace en su tiempo de ocio. Pero por lo que destaca es por, además de no tener miedo ninguno a pararse a charlar con la prensa o ir a los platós de televisión (recientemente estuvo en ElHormiguero), es por su nueva andadura en YouTube, con vídeos semanales. Hasta se marca bailes. Un crack, vaya.

Como veis estoy bien 😂😂 Gracias por vuestro cariño!! Musho Betis!!

Un vídeo publicado por Joaquin Sanchez (@joaquinarte) el 24 de Sep de 2016 a la(s) 4:15 PDT

Pero, sin duda alguna, el futbolista español más influyente en redes sociales es Juan Mata, actual integrante de la plantilla del Manchester United inglés. Es, quizá, la antítesis del perfil de futbolista profesional: licenciado en Marketing y en Educación Física, no tiene reparos en hablar de política, sociedad o simplemente filosofía de vida (su aparición en Salvados puede que sea lo que mejor resuma su forma de pensar) y no presume de coches deportivos ni vacaciones de lujo. En cuanto a la comunicación, no hay quien le alcance.

El futbolista asturiano, campeón de Europa y del Mundial con la selección española y de una Champions y una Europa League, tiene perfil en Facebook y Twitter, donde comparte reflexiones personales, interactúa con sus seguidores y realiza sorteos; en Instagram bromea y sube vídeos con sus mejores jugadas, además de publicar las típicas fotos que adentran al seguidor en la concentración de un equipo profesional (también ha publicado contenido en Instagram Stories, algo poco habitual aún en perfiles públicos de deportistas) y un canal de YouTube en el que, durante una temporada, estuvo subiendo contenido cada semana. Además tiene una web con galerías fotográficas y un formulario de contacto, y, lo más importante, un blog en el que escribe de su puño y letra todas las semanas: reacciones tras partidos, intrahistorias y demás posts que para un fan, son imperdibles.

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El deporte, cada vez más corporativo

Que el fútbol hace mucho tiempo que se convirtió en negocio no hay gente que lo dude. Ni el amante más acérrimo del balompié puede negar que tras esos veintidós tíos siguiendo un balón –y digo tíos porque el fútbol femenino no reporta aún los millonarios beneficios que sí reporta en el masculino, tal y como demuestra este artículo de ElConfidencial– hay intereses económicos, empresariales y, muchas veces, incluso políticos.

Pero desde la aparición del primer futbolista-personaje, David Beckham, que todo el respeto que se ganaba en el campo tirando faltas a la escuadra lo perdía con sus cortes de pelo, el jugador de fútbol, además de convertirse en un standard, ha ido cambiando su forma de comunicar hasta el punto de llegar a ganar más dinero, muchísimo más, por patrocinios, anuncios y marketing que por jugar a fútbol.

Kit de principiante de un futbolista profesional: ropa extravagante, tupé -o exceso de gomina en su defencto-, manga de tatuajes y, de vez en cuando, fiesta
Kit de principiante de un futbolista profesional: ropa extravagante, tupé -o exceso de gomina en su defecto-, manga de tatuajes y, de vez en cuando, fiesta

El mejor ejemplo de esto es Cristiano Ronaldo que, además de ser conocido por “ser guapo, por ser rico y por ser un gran jugador” –ojo, que no lo digo yo, que el hombre se definió así para justificar la envidia que tienen muchos de él–, gana más de 50 millones de euros al año por publicidad (Nike, Armani, Herbalife, etc). Si a esto se le suma su línea de ropa interior –puedes tener unos calzoncillos CR7 por el módico precio de 32 euritos–, sus hoteles, en los que lo hortera resplandece allá donde pises, y sus millonarias inversiones por todo el mundo, empieza a contar. Pero vamos, que el contrato con el Real Madrid, es decir, su primer trabajo, nunca ha superado los 25 millones de euros anuales, por lo que no es ni una cuarta parte de sus ingresos.

A lo que vamos. La entrada en la sociedad de este tipo de personajes ha llevado a los futbolistas, y deportistas en general, a buscar otras vías de comunicación con sus seguidores, ya que, cada vez e inexplicablemente –a lo mejor, y solo a lo mejor, es por la manipulación informativa de los medios de comunicación deportivos españoles–, son más reacios a la prensa tradicional. Y aquí Twitter e Instagram son los reyes. La revista Forbes publicó hace un año una lista en la que aparecían los deportistas mejor pagados por publicar un tuit publicitario, en la que el jugador portugués, con la insignificante cifra de más de 260.000 dólares, está en cabeza por delante de Lebron James (140.000) o Rafa Nadal (60.000). Ojo, un cuarto de millón por ciento cuarenta caracteres.

Todo esto también ha traído beneficios para los que nos dedicamos al mundo de la comunicación. Cada vez más personajes contratan agencias especializadas en comunicación corporativa en agentes deportivos para que gestionen su imagen en internet. También existen cursos y másteres especializados en esta cuestión, ya que tanto clubes como propios particulares están interesados y, poco a poco, empiezan a ver el potencial que puede tener una comunicación cuidada.

Ahora mismo, un futbolista no es nada sin un Instagram medido al milímetro y una cuenta en Twitter activa y con actualizaciones constantes, al igual que un club no tendrá imagen de seriedad ni atraerá a futuros seguidores si tiene faltas de ortografía en sus tuits, no existe intención de corporativismo en sus redes ni acredita a medios digitales ni invita a influencers de su ciudad.

El mejor ejemplo de todo esto es Juan Mata, actual jugador del Manchester United y de la selección española (también es curioso ver  a un futbolista como él con un título universitario), que, desde hace años, cuenta con perfiles cuidadísimos en redes, un canal en YouTube con vídeos bien editados, una web intuitiva y minimalista que invita a seguir al jugador y un blog en el que, todas las semanas, sube contenido escrito por él mismo. ¿Si es futbolista, cómo no va a tener tiempo de dedicar unos minutos al día a su imagen? La realidad es que, cuando en unos años cuelgue las botas, solo quedará de él esa imagen, la que ha transmitido a prensa y en internet.

No es difícil. Conclusión: el corporativismo en el mundo del deporte trae muchos beneficios y no es nada complicado.

Pérez Lima: “El deporte, como toda la sociedad, está podrido por culpa de unos pocos”

Los focos que un día alumbraron más de cincuenta mil gargantas no lucen hoy. Acostumbrado a gritos de todo tipo, el silencioso y tranquilo vestíbulo de un hotel se convierte en el confesionario perfecto para alguien que hace mucho tiempo cambió su voz por un silbato y que, poco a poco, intenta recuperar. Manuel Pérez Lima, árbitro de fútbol retirado, tuvo que lidiar con los más grandes en un tiempo no muy lejano, y ahora, tras su experiencia en lo más alto y ya sin tarjetas que mostrar, intenta recuperar los valores del deporte mediante charlas, ponencias y artículos. También ha escrito un libro, ‘La otra cara del arbitraje’, en el que desgrana sus vivencias como árbitro de primer nivel.

Pregunta. Nadie nace queriendo ser árbitro.

Respuesta. ¿Quién coño quiere ser árbitro? Nadie. Pero no porque el mundo del arbitraje sea malo, sino porque es un producto que no se vende bien. Al igual que cuando vas a un restaurante la comida te tiene que entrar por los ojos, el arbitraje debería presentarse de buenas maneras y no se hace. En mi caso, surgió por una lesión de hombro que me hizo parar y, en lugar de dar un paso a un lado, quise seguir vinculado al fútbol.

P. ¿Cómo es la vida de un árbitro de élite?

R. La vida de un árbitro de primer nivel es perfecta. La mejor vida que puede tener una persona es poder vivir de lo que ama. Te encuentras bien físicamente, se gana mucho dinero, y te sientes importante. Para una persona de a pie, todo eso daba un poco de vértigo. En lo personal, la vida no me cambió mucho. Lo único que cambia es el decorado. Lo realmente bonito es pitar al Real Madrid ante cien mil personas y la semana siguiente estar en un campo de tu pueblo enseñando, porque realmente es lo que tenemos que hacer, a benjamines. Estamos obsesionados con llegar a la élite, y eso es un error.

P. ¿Y dejarlo después de tanto tiempo es duro?

R. Sí, muy duro. Yo estuve 25 años, y lo dejé por un engaño de la Federación. Tuve amigos dentro del CTA (Comité Técnico de Árbitros), que eran los que mandaban –y lo siguen haciendo–, y después de tanto tiempo me dejaron tirado como a un perro. Lo mío fue una mentira y decidí no estar dentro. Y conozco más casos como el mío entre árbitros retirados que están muy dolidos también. Es muy triste.

P. Muchas veces esos árbitros retirados siguen perteneciendo a las federaciones. Supongo que usted no lo hace por esta razón.

R. Claro. A mí me prometieron cosas que luego no cumplieron, y encima quisieron que yo estuviese al servicio de un comité que no me trató bien, como si yo les debiera la vida. Conmigo no juegan. Lo mejor era quitarme y dejar a los demás. Eso sí, mi teléfono está disponible para cuando lo necesiten, pero tendremos que sentarnos y hablarlo detenidamente. Y es lo que ellos no quieren. Sin ir más lejos, el comité al que yo pertenecí lleva 37 años dirigido por la misma persona, y eso lo dice todo.

P. ¿Está diciendo que el mundo del deporte no está sano?

R. Pienso que el deporte es sano, pero las personas que mandan no le hacen ningún favor. En Canarias decimos que cuando una patata está mala, tiene bicho. El deporte es lo mejor que le puede pasar a alguien, pero está ‘bichado’. El mundo del deporte, como toda nuestra sociedad, está podrido por culpa de unos pocos. Por eso me gustaría hacer algo por el arbitraje, pero requiere de ciertos cambios que son muy difíciles de ver.

 

A colación del plagio de himno al Sevilla

Venga, admitámoslo: los himnos de los equipos de fútbol son de lo peor que hay en el mundo del deporte. Y nadie se ha parado a pensarlo. Mucho menos en admitirlo. Pero, por una vez y sin que sirviera de precedente, todo el mundo admitió que el que compuso e interpretó El Arrebato para el centenario del Sevilla es de los mejores. Nadie lo puede negar, ya sea del Madrid, Barcelona, Barakaldo o Somozas. Más incluso cuando el Ramón Sánchez Pizcuán nos deja esas imágenes de más de cuarenta mil gargantas cantándolo al unísono. Mejor ver el siguiente vídeo para que quede claro.


Pues esta semana volvió a estar de actualidad ese himno compuesto hace más de una década. El Club América de México celebraba el pasado 12 de octubre su centenario en el partido que enfrentaba a los tigres a los Xolos de Tijuana, en el que se cuidó hasta el más mínimo detalle para que sus aficionados festejaran el primer siglo de vida del equipo más laureado del país azteca, que cuenta en sus vitrinas con doce campeonatos mejicanos y varios campeonatos internacionales.
En el descanso del partido, el grupo ‘Matute’ fue el encargado de presentar e interpretar un himno expresamente creado para el centenario, tal y como en su día hicieron el Real Madrid, el Atlético de Madrid o el propio Sevilla. Las redes sociales no tardaron en echar humo una vez que los cantantes –que, por cierto, deben mejorar en eso del playback– terminaron de interpretar la polémica melodía. Ni la letra se libró. Aunque, igual que anteriormente, lo mejor es comprobarlo.

Lejos de las similitudes que hay en ritmo, versos y expresiones utilizadas, las legislaciones vigentes en registros de propiedad intelectual delimitan en ocho compases iguales el límite del plagio, es decir, que si el tema nuevo, una vez desgranado, no es absolutamente idéntico en ocho o más compases no se considera plagio, y por tanto, es legal.
Lo peor es que no es la primera vez que el mundo del deporte se ve envuelto en inspiraciones –llamémoslo así– de este tipo. Hace unos años, el Waka Waka de Shakira, que era la canción oficial del Mundial de Sudáfrica, sonó tanto que no nos la pudimos quitar en dos veranos. Un tiempo después se conoció la demanda que recibió la cantante colombiana por un supuesto plagio de el tema El negro no puede, de Wilfrido Vargas. Los tribunales dieron la razón a la de Barranquilla, pero su nombre quedó tan manchado que la FIFA la descartó para futuros actos.

Football Leaks, contratos y un complejo sistema de impuestos

Football Leaks, el portal dedicado a filtrar al mundo intimidades de todo el universo del fútbol, no paró durante un tiempo de sacar a la luz documentos con alto valor informativo. Ahora, llevan unos meses “de descanso”. Pero entre los bombazos más sonados de la web de filtraciones están los contratos de patrocinio de Neymar –de quien se desveló que se llevaría un millón de euros por anunciar champú en Japón– o el acuerdo entre el Real Madrid y el Tottenham Hotspur por Gareth Bale, tasado en más de cien millones de euros, lo que quiere decir que el equipo blanco mintió sobre el precio de una de sus principales estrellas. Y puede que no sea lo más fuerte, ya que aseguran tener 500 gigas de archivos que todavía no han visto la luz.

Tal es la pulcritud informativa de estos documentos que el portal no se conforma con desvelar el importe bruto que los futbolistas percibirán durante las temporadas firmadas, sino que en sus filtraciones –suelen ser los contratos de trabajo escaneados que envía el club a la Real Federación Española de Fútbol– aparecen detalles tan insignificantes (si se tiene el sueldo de un futbolista de élite, claro) como la prima por fichar por el equipo o el número de actos publicitarios a los que el jugador está obligado a ir por año.

Pero en este baile de cifras hay algo que no queda claro: ¿cuánto paga un futbolista de alto nivel en impuestos? Lo primero que hay que aclarar es que un futbolista profesional –es decir, que tenga una ficha ‘P’ y no una ficha ‘A’– como lo son todos los de Primera y Segunda División tiene la capacidad, y así lo ejercen todos, de redistribuir su carga fiscal: el 85% de sus ingresos se tributan por IRPF a un máximo del 47%, y el 15% restante a través del Impuesto de Sociedades al 28%. Llevado a la práctica esto quiere decir que un futbolista –siempre que sea nacional, ya que los extranjeros tienen otro régimen– que perciba un millón de euros se ahorraría más de 30.000 gracias a esta redistribución.

Por si esta reducción no les pareciera poco, los jugadores que más ingresos generan intentan deducir aún más incluyendo como gasto de trabajo sus propias casas, sus coches de lujo o incluso sus propios empleados (cocineros personales, limpiadores, choferes, etc). Algo a todas luces ilícito pero que, en la mayoría de veces, queda impune en este país de tan arraigada –y a veces enferma– tradición futbolística. Tres cuartos de lo mismo ocurre con los derechos de imagen, también contemplados en sus contratos, gracias a los cuales se llevan primas por ventas de camisetas o generan ingresos (muchos, a veces incluso más que por dar patadas al balón) por anuncios publicitarios.

La ley Beckham y su impulso

Pero no todo queda ahí. La Ley Beckham, aplicada a partir de 2007 y que todo el mundo sabe que se impulsó para atraer nuevos talentos en el ámbito de la investigación, la ciencia y el desarrollo (codazo codazo, guiño guiño) permitió a los jugadores extranjeros recién impatriados tributar al 24% a partir de los 300.000€ durante el primer año. Esto posibilitó a La Liga, desde un punto de vista empresarial, posicionarse mejor frente al resto de Europa, pagando el alto precio de la pérdida de competitividad interna, ya que no todos los clubes se podían permitir jugadores que cobraran por encima de esa cantidad mínima.

La reforma llevada a cabo hace un año dobló esa cantidad hasta los 600.000. En Francia, sin ir más lejos, Hollande aprobó una ley que obligaba a todo aquel que cobrara más de un millón de euros pagar un 75% de impuestos, lo que impulsó la huida de capitales o refugios fiscales. También supuso algo muy curioso: Zlatan Ibrahimovic fichó por el Paris Saint-Germain y se convirtió en el futbolista mejor pagado con más de 40 millones de euros, pero no en el que más ingresos obtiene. También es verdad que mal el hombre no debe vivir. Termino con un cántico que empezó como broma a Messi pero que, desgraciadamente, cada vez –y a las sentencias me remito– es más habitual: “¡Hacienda somos todos, (introducir nombre del futbolista) paga ya!”.

Piqué, sus mangas y las injurias de la prensa deportiva española

La prensa deportiva española volvió a hacer el ridículo el pasado fin de semana. Una vez más. Y van ya… bueno, no se sabe cuántas van ya. El hecho es que con la polémica de Piqué y sus mangas durante un partido de la selección española salió a relucir, como digo, una vez más, el patriotismo y las ganas de hacer daño que ciertos medios tienen contra todo lo que no consideran patriótico y decente. Como si retrocedieramos algo más de cuarenta años en el tiempo, vaya. La Real Academia de Española de la lengua define el término ‘zaherir’ como “Decir o hacer algo a alguien con lo que se sienta humillado o mortificado”. Pues tal cual.

Como siempre en este blog, hagamos una retrospectiva y retratemos los hechos. La selección española de fútbol jugaba el pasado domingo en Shköder ante Albania, en uno de los partidos de calificación para la Copa del Mundo de 2018. Y ganó jugando bien, que no es lo habitual en La Roja en los tiempos que corren. Pero la prensa, lejos de centrarse en los méritos del equipo, la táctica, la buena actuación de Silva y Koke, el gol de Diego Costa o el buen planteamiento del flamante nuevo seleccionador Julen Lopetegui, prefirió dar voz desde el minuto uno de partido a una polémica infundada desde redes sociales y que ha formado tanto revuelo que ha llevado al hartazgo a uno de los jugadores de ese equipo titular.

Gerard Piqué, catalán y abiertamente defensor del derecho de autodeterminación de su pueblo –ya hay que tener valor para ser futbolista y declarar ideas políticas en público, punto uno a favor del central del Barça–, saltó al verde del Loro Boroçi con manga corta (cuando él siempre lleva manga larga por estética) y una camiseta térmica debajo. Resulta que, ante la incomodidad que le producía la nueva segunda equipación de La Roja –que ese día era blanca– decidió cortarse las mangas, lo que muchos “patriotas” consideraron una ofensa a su país porque, supuestamente, había recortado los ribetes rojigualdas que esa camiseta lucía. Desde ese momento Piqué volvía a convertirse en enemigo público número uno del país –otra vez–. Pues resulta que no, que esa camiseta no llevaba ribetes y, lo peor, ¡es que se tuvo que defender en público!

Aquí viene lo gordo. Las redes, con los principales diarios deportivos del país dando coba, no tardaron en hacerse eco y en poco menos que humillar al jugador, recordando capítulos anteriores que el central había protagonizado relacionados al combinado nacional, casi tan estúpidos como este último. Marca, As, OKDiario y un largo etcétera. No se libró nadie de caer en esa trampa. Pero claro, luego les tocó borrarlo. Gracias a internet, aún nos quedan rastros.

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Poco tardaron en rectificar. Al darse cuenta del lío formado, los medios no dudaron en tachar la polémica de “injusta”, siempre amparando que habían sido tuiteros o las redes los que habían acusado de poco patriotismo a un jugador que se ha dejado la cara por el equipo nacional, obviando que habían sido ellos mismos los causantes de tal follón y poco más suplicaron al central que rectificara en su decisión de abandonar la selección tras el Mundial de Rusia. Otra metedura de pata de la prensa deportiva española, que, desde hace tiempo, viene necesitando una regeneración urgente. Al igual que el consumidor de tales noticias. Solo hace falta ver las noticias más leídas de cada periódico en su edición digital para darse cuenta de que algo no funciona bien.